La cooperación naval entre las Armadas de México (Semar) y Estados Unidos (U.S. Navy), se perfila como uno de los ejes más sólidos de la relación bilateral en seguridad entre ambas naciones en medio de resultados medibles contra el tráfico marítimo de drogas.
En una relación marcada con frecuencia por tensiones comerciales, presiones migratorias y diferencias diplomáticas, México y Estados Unidos mantienen un frente de cooperación donde los resultados se miden en toneladas, embarcaciones aseguradas, laboratorios desmantelados y personas detenidas resultado de la seguridad marítima.
Tras las reuniones de alto nivel sostenidas entre el titular de la Semar, Almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles con mandos de la U.S. Navy y la U.S. Coast Guard, después con el embajador Ronald Johnson, quien reconoció públicamente los avances derivados de la cooperación bilateral en materia de seguridad.
Paralelamente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció en el trabajo coordinado con la Armada de México en el combate al narcotráfico marítimo, luego de señalar que el tráfico de drogas por esta vía hacia territorio estadounidense se redujo aproximadamente 97 por ciento.
El trabajo silencioso de la Semar
El trabajo de la Semar avanza, en buena medida, lejos del reflector público, sus cerca de 80 mil elementos de infantería, distribuidos en distintas unidades operativas, tienen a su cargo la protección de los intereses marítimos de un país que supera los 130 millones de habitantes. La proporción ilustra el tamaño del reto: un marino por cada mil 625 mexicanos.
Pese a esa dimensión limitada frente al tamaño de la población y del territorio bajo vigilancia, la dependencia ha dado resultados relevantes contra estructuras criminales durante la actual administración.
De octubre de 2024 a junio de 2026, la Armada de México detuvo a 19 mil 680 personas presuntamente vinculadas con actividades ilícitas. En ese mismo periodo aseguró más de 74 toneladas de cocaína, casi 119 toneladas de metanfetamina, más de 24 toneladas de marihuana, más de 1.5 toneladas de fentanilo y más de mil toneladas de sustancias químicas y precursores utilizados para la producción de drogas sintéticas. El impacto de esos aseguramientos no solo es operativo. También golpea las finanzas de las organizaciones criminales.
Las más de 74 toneladas de cocaína incautadas representan millones de dosis que no llegaron a los mercados ilegales. A ello se agregan más de 118 toneladas de metanfetamina, una de las drogas de mayor rentabilidad para las redes criminales transnacionales.
A esto se le suma el aseguramiento de 20 millones de litros de hidrocarburos robados, un rubro que se ha consolidado como fuente de financiamiento para grupos delictivos con presencia en distintas regiones del país.
En el frente marítimo, los datos muestran una operación de amplio alcance: más de 71 toneladas de cocaína aseguradas en altamar, 254 personas detenidas, 74 embarcaciones incautadas, tres embarcaciones de bajo perfil, 193 motores y más de 153 mil litros de combustible.
Las embarcaciones de bajo perfil son utilizadas por organizaciones criminales para evadir radares y sistemas de vigilancia, por lo que su aseguramiento representa un golpe directo a las rutas marítimas del narcotráfico.
A estos resultados se suman 114 laboratorios clandestinos desmantelados, la neutralización de más de 810 toneladas de sustancias químicas y precursores, además de la destrucción de más de 67 millones de plantas de amapola y casi ocho millones de plantas de marihuana.
Los números adquieren mayor peso si se considera que la Semar opera con un presupuesto que representa solo una fracción del Producto Interno Bruto nacional, mientras enfrenta a organizaciones criminales con capacidad financiera comparable, en algunos casos, con corporaciones multinacionales.
Cooperación internacional
En ese contexto, la cooperación naval se ha convertido en un componente clave de la agenda de seguridad entre México y Estados Unidos.
No es un secreto que durante los encuentros estratégicos se dan entre instituciones navales del hemisferio, y cuando el gobierno estadounidense habla de reducciones históricas en el tráfico marítimo de drogas, la Semar se coloca en el centro de la estrategia.
Su papel ha dejado de limitarse a la vigilancia costera. En el actual contexto de cooperación bilateral y combate a las rutas marítimas del crimen organizado, la Semar aparece como una institución clave para contener el flujo de drogas hacia Estados Unidos y desarticular operaciones criminales de alcance transnacional.
Desde las operaciones antidrogas en el Pacífico Oriental y el Caribe, hasta las tareas de búsqueda y rescate, protección portuaria, seguridad marítima hemisférica y coordinación con la Guardia Costera estadounidense, los momentos de mayor confianza bilateral parecen tener un elemento común: una institución naval con resultados verificables.
En tiempos de tensión diplomática, el mar se mantiene como uno de los espacios donde México y Estados Unidos encuentran terreno común para el combate al crimen internacional y el apoyo a los ciudadanos de ambas naciones.
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