Stray Kids hace vibrar a más de 60 mil fans en el Estadio GNP

El alarido es ensordecedor. La multitud recibe en medio de la histeria colectiva a los Stray Kids en cuanto aparecen sobre el escenario del Estadio GNP. Más de 60 mil gargantas juveniles al unísono, desbordadas en un rugido colectivo e inmenso en medio de la noche fresca de este viernes. El paroxismo total.

Es una imagen sonora que se repetirá a lo largo de los 90 minutos de la velada, e incluso que se suscitó de forma reiterada en la mole de concreto y acero mucho antes de que la boyband coreana irrumpiera con sus energéticas y bien coordinadas coreografías, para el deleite de esa multitud anhelante de celebrarle lo más mínimo.

Duelen los oídos y sonríe la mirada de esa febril muchachada que se congregó durante más de cuatro horas en este recinto del oriente de la capital mexicana para ser testigo y partícipe de este ritual musical que tuvo lugar como parte del programa Straycity Mexico City, que este sábado tendrá su segunda y última presentación.

El K-pop en pleno lleva al éxtasis a esas miles de febriles jovencitas y no pocos jóvenes varones que portan en sus manos los nachibong, como se denomina al lightstick o lámpara oficial de la agrupación oriental, una especie de sonaja o micrófono iluminado, además de pequeños pendones con el rostro de alguno de los cantantes o caritas de conejos o pollitos en cartón sostenidos por un palito.

La locura hecha gritos cimbra este foro de espectáculos con el primero de la veintena de temas de la noche, S-Class, iniciado tras un grito de «México» de uno de los cantantes y en medio de fuegos artificiales y llamas que se desprenden desde el escenario.

Helos allí, un tsunami oriental de ocho cantantes y bailarines que con sus atléticos y bien coordinados bailables, en ocasiones hasta lúbricos, acompañados de pegajosas canciones, suscitan un aluvión de emociones incontenibles e incontrolables entre las stray, como se denomina a las seguidoras de la banda.

Entre las gradas, además de un concierto desbordado de gargantas, puede apreciarse esos lightsticks que se agitan rítmicamente, cual olas en la mar, al compás de las canciones que expelen estamina pura.

Los cantantes interactúan con su ansiosa fanaticada. «Regresamos a México después de un año, ¿nos extrañaron? ¿Cómo se sienten hoy? Vamos a arder hoy, incendiarlo todo. ¿Están listos? ¡Vamos México!», dijeron los artistas en coreano, traducido en seguida al español por una intérprete.

Y otra vez los decibeles eufóricos rasgan la noche. «¡Qué guapos!», «¡papacitos!», «¡quieeeerooo!», son algunos de los piropos pronunciados a todo pulmón que alcanzan a distinguirse entre esos frenéticos alaridos que jamás han de disminuir en intensidad ni brío.

Y cuando parece que el escándalo ha llegado a su límite, basta que los Stray Kids se contoneen provocativamente para que las gargantas femeninas exploten hasta límites inimaginables.

Los sonidos por momentos electrónicos, por momentos pop, por momentos futuristas y hasta de hip hop se suceden uno a otro, coreados por las fans mexicanas, seguidos rítmicamente por los nachibong, convirtiendo al lugar en una galaxia sideral que se mueve al ritmo marcado por la agrupación coreana. Las gargantas llegan al delirio del clímax.

Energía pura. Pura energía. Una noche de gritos y alegría. Los rostros de esas jovencitas denotan felicidad cristalina.

Además de Stray Kids, el programa incluyó a las bandas Renee y Nexz, así como a Andrés Obregón, y tuvo entre el público como invitado especial al presidente de la República de Corea, Lee Jae-myung, quien se encuentra de visita oficial en el país y fue ovacionado al ser presentado, en contraste con la secretaria de Cultura de México, Claudia Curiel de Icaza, que recibió algunos abucheos.

La Jornada

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