Rúbrica…Una confesión de fracaso institucional, Por Aurelio Contreras Moreno

Rúbrica
Una confesión de fracaso institucional
Por Aurelio Contreras Moreno


Las últimas dos semanas han marcado una nueva escalada violenta contra los
periodistas y la libertad de expresión y de prensa en Veracruz, acrecentando las
cifras de agresiones en el que sigue siendo uno de los estados más peligrosos
para el ejercicio del periodismo en el país.
El secuestro y asesinato de periodistas ocurridos en Nanchital y Poza Rica en el
transcurso de estos 15 días son parte de una larga cadena de violencia que nadie,
ninguna autoridad, de cualquier partido, ha querido ya no digamos contener, sino
siquiera atender desde hace ya demasiado tiempo.
El plagio y desaparición de Roxana Guzmán en el sur de la entidad expuso la
fragilidad hasta de estar en tu propia casa, de donde cualquiera puede ir a sacarte
a punta de pistola. El asesinato de Luis Ángel López Valdez, acribillado en el norte
del estado con 18 balazos la semana pasada, pese a contar con un supuesto
acompañamiento y medidas de protección, evidenció que los protocolos no
funcionan. Ni las instituciones que los llevan a cabo.
La respuesta oficial tampoco ha generado extrañeza: la mañana de este lunes,
Rocío Nahle se apresuró a deslindar la actividad periodística como causa de los
ataques. Una narrativa que busca minimizar la gravedad del problema y
desvincular al gobierno del estado de su responsabilidad. Una respuesta, además,
que quienes vivimos y ejercemos el periodismo en Veracruz conocemos muy bien
desde hace 15 años, por lo menos.
Particularmente en el caso de Luis Ángel López Valdez, se ha enfatizado el hecho
de que contaba con medidas de auxilio de la Comisión Estatal de Atención y
Protección a Periodistas (CEAPP) tras haber recibido amenazas de elementos
policiacos. Y cómo, obviamente, no sirvieron de nada.
La CEAPP, creada en el gobierno de Javier Duarte, fue concebida como un
mecanismo para “lavarle la cara” a un régimen ya para entonces señalado
internacionalmente por la persecución y asesinato de periodistas. Su origen estuvo
más ligado a la necesidad de simular protección que a la voluntad real de
garantizarla. Desde entonces, el organismo ha transitado, en mayor o menor
medida, en sus diferentes integraciones, entre críticas constantes por su
burocratización, falta de independencia, opacidad en el manejo de recursos, pago
de facturas políticas y, sobre todo, ineficacia frente a la violencia. Pero también, y
hay que decirlo, ha servido para apoyar a periodistas en procesos judiciales como
su representante legal, para promover la capacitación de los comunicadores y
hasta para cubrirles ciertos gastos en materia de salud.
Pese a sus limitaciones y a que actualmente está completamente doblegada ante
el gobierno morenista de Veracruz, la CEAPP representa el único espacio
institucional para atender las agresiones contra periodistas en el estado. Pero
aprovechando el viaje, desde el propio régimen comenzaron a alzarse “voces”
para exigir desaparecerlo, sin más, como si eso fuese a representar alguna
solución a la violencia sistemática contra los comunicadores veracruzanos.

“Coincidentemente”, este mismo lunes le preguntaron a Rocío Nahle sobre el tema
de la posible desaparición del organismo, a lo que la gobernadora respondió que
eso dependerá de lo que los periodistas “decidan”, deslindándose de asumir una
responsabilidad fundamental del Estado, que es garantizar condiciones mínimas
para el ejercicio libre del periodismo, y trasladando la carga de la decisión a un
gremio golpeado, dividido y vulnerable.
La desaparición de la CEAPP sin que exista un mecanismo alternativo sólido y
confiable que le sustituya, equivaldría a dejar al gremio reporteril en un vacío
absoluto, habida cuenta de que el propio gobierno de Nahle ha demostrado que
carece de voluntad y capacidad para garantizar la seguridad de quienes ejercen el
periodismo en la entidad.
Desaparecer la CEAPP en este momento y de un plumazo, en lugar de
fortalecerla legalmente y de respetar la autonomía que legalmente tiene,
significaría la renuncia del Estado a cualquier responsabilidad específica en la
protección del gremio, perpetuando la impunidad de las agresiones con el objetivo
de consolidar un modelo de control político sobre la información.
Toda una confesión de fracaso institucional.
Tácticas conocidas
El periodista Edgar Hernández denunció en sus redes sociales el allanamiento de
su casa en Xalapa, de donde le fueron robados documentos, su computadora,
algunos bienes y hasta diplomas y reconocimientos.
Se trata de tácticas de intimidación que varios conocemos y hemos padecido en
algún momento, cuyo objetivo es hacer sentir esa vulnerabilidad de saber que ni
en casa se está seguro.
Repudio total.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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