Rúbrica…Los tenemos ubicados, Por Aurelio Contreras Moreno

Rúbrica
Los tenemos ubicados
Por Aurelio Contreras Moreno


Hay frases que se quedan grabadas en los anales de la historia y no
necesariamente por su elocuencia, sabiduría o bondad, sino por representar todo
lo contrario: lo peor de quienes las pronuncian y que, si además se trata de
autoridades políticas, suelen tener consecuencias deplorables y hasta
desastrosas.
Ahí tenemos aquellos “defenderé el peso como perro”, “ni los veo ni los oigo”, “¿y
yo por qué?” y un largo rosario de expresiones que, por sí solas, a lo largo de los
años retrataron a los regímenes en los que fueron pronunciadas y a sus autores.
“Los tenemos ubicados” va en camino a convertirse en una más de las frases
“célebres” de la miseria política de México. Aunque esta vez no fue exclamada por
el titular del Ejecutivo, sino por la consejera jurídica de la Presidencia de la
República, Luisa María Alcalde Luján. Aunque con la total anuencia de su jefa,
Claudia Sheinbaum.
Esto, en referencia al listado –que ahora jura que no era un listado, como si nadie
hubiese visto la canallada que cometía- en el que se proyectaron nombres y
cuentas en redes de periodistas, medios de comunicación, analistas, políticos
opositores y ciudadanos que, según el gobierno de Claudia Sheinbaum, formarían
parte de un supuesto “ecosistema digital de la derecha” dedicado a amplificar
mensajes contrarios a la llamada “cuarta transformación”. Una lista negra en toda
la extensión de la palabra.
Quien las exhibió no fue una investigadora universitaria presentando un estudio
académico, ni una organización ciudadana, ni una empresa especializada en
análisis de redes sociales. Fue nada menos que una alta funcionaria de la
Presidencia de la República, desde un espacio oficial, utilizando recursos públicos
y teniendo detrás de sí todo el poder del Estado mexicano. Con el agravante de la
frase que le salió del alma a la burócrata milusos con vocación de inquisidora: “los
tenemos ubicados”.
¿Qué “pecado” cometieron quienes fueron llevados a ese tribunal mediático, con
tintes de paredón? Difundir contenidos críticos, incómodos o simplemente diferir
de las versiones oficiosas –y mentirosas- del gobierno. Entre los temas que la
Presidencia identificó casi como “pruebas” de “traición a la patria” aparecen
“narcogobierno”, “huachicol”, “régimen autoritario” y las constantes presiones de
Estados Unidos. Es decir, asuntos eminentemente públicos, sujetos de manera
natural al escrutinio periodístico y ciudadano, sobre los cuales cualquier persona
tiene derecho a investigar, informar, opinar, cuestionar e, incluso, equivocarse.
Lo que resulta especialmente inquietante es que el gobierno no solamente
monitorea esa conversación, sino que la clasifica políticamente. Determina quién
origina contenidos, quién los reproduce, quién los “amplifica” y quién pertenece,
según sus propios criterios, a un “ecosistema digital de la derecha”. Con eso de
que para la “4t”, es de “derecha” todo aquel que no comparta sus ideas, prejuicios

y traumas. Y como si la ciudadanía no estuviese en todo su derecho de tener la
ideología que mejor le parezca.
La organización ARTICLE 19 fue categórica al respecto. Señaló que “no
corresponde al Estado mexicano el monitoreo y calificación de la conversación
pública” y cuestionó además que la Presidencia sostuviera que existía una acción
“bien coordinada” sin explicar públicamente la metodología técnica ni los criterios
utilizados para llegar a esa conclusión.
ARTICLE 19 documentó también que apenas durante las 48 horas posteriores a la
presentación aumentaron los mensajes intimidatorios contra periodistas y medios
incluidos en esas listas. Aparecieron etiquetas como #PrensaVendida,

ChayoteroMercenario y #MediosSicarios, acompañadas de acusaciones de estar

pagados por la “derecha” o incluso de recibir “instrucciones” de gobiernos
extranjeros. Lo cual terminó representando más bien una especie de confesión
involuntaria.
Las redes del oficialismo ejecutaron, paso por paso, exactamente las mismas
tácticas que el gobierno atribuyó al supuesto “ecosistema digital”: tomar un
contenido originado en un nodo central, reproducirlo, añadirle una carga política,
amplificarlo masivamente y dirigirlo contra objetivos determinados. Solo que aquí
el nodo original fue el propio Estado.
No es algo nuevo. Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, las
conferencias mañaneras fueron utilizadas reiteradamente para señalar por nombre
y apellido a periodistas y medios críticos. Pero con Sheinbaum se está dando un
paso adicional: institucionalizar el monitoreo y estigmatización de la conversación
pública y presentarlos como una función legítima del gobierno. Cuando en realidad
es una práctica de acoso e intimidación.
Todo esto recuerda prácticas históricamente asociadas con gobiernos fascistas y
otros regímenes intolerantes a la crítica, donde la construcción del “enemigo”
comienza precisamente por identificarlo, etiquetarlo y presentarlo ante la sociedad
como integrante de una “conspiración”. Eso no significa que México sea hoy un
régimen fascista –aunque se le esté pareciendo mucho-, pero el método de
elaborar categorías de enemigos y exhibirlos desde el aparato estatal pertenece al
repertorio clásico del autoritarismo.
Y en una democracia, es el gobierno el que está sometido al escrutinio ciudadano.
No al revés.
La “black list” de Nahle
No hay que olvidar que a inicios del sexenio en Veracruz, un mercenario al
servicio del actual régimen –pero que lo mismo le mataron el hambre los Yunes y
Javier Duarte para realizar la misma labor pestilente- también hizo una lista de
medios y periodistas críticos o por lo menos, no culiempinados con el gobierno de
Rocío Nahle, misma que difundió masivamente vía correo electrónico, financiado
directamente por el delegado del Bienestar, Juan Javier Gómez Cazarín, quien
sigue siendo su “proveedor”.
Año y medio después, se les “ocurrió” censar a los periodistas del estado. Ah, pero
¡respetan de manera “irrestricta” la libertad de expresión!

Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

Noticias relacionadas