Rúbrica
Daño criminal a la salud en Veracruz
Por Aurelio Contreras Moreno
La revelación de que en el Centro Estatal de Cancerología (Cecan), en el Hospital
Regional “Dr. Luis F. Nachón”, ambos en Xalapa, y ahora también en el Hospital
“General Bernardo Peña” de San Andrés Tuxtla se almacenaron y dejaron caducar
medicamentos, algunos con vencimientos desde 2022, confirma el desastre por el
que atraviesa el sistema de salud en el estado de Veracruz, aderezado con la
irresponsabilidad criminal de quienes están al frente y toman decisiones desde el
más alto nivel.
No es un tema menor. Se trata de un crimen ominoso contra la salud de miles de
personas que dependen de la atención en el sistema público de salud para
sobrevivir. Esos medicamentos, sin exagerar, representan la diferencia entre la
vida y la muerte para pacientes con cáncer, con enfermedades crónicas o
infecciones graves. Que se haya permitido que caducaran en hospitales públicos
es muestra de una negligencia abominable. Peor todavía, en medio de un
escenario de desabasto generalizado como el que padecen los usuarios de estos
servicios, que ahora se encuentran con que las medicinas que sí había en
existencia para su atención, se dejaron echar a perder. De las pérdidas millonarias
que esto provoca, luego hablamos.
Más indignante resulta que no es la primera vez que ocurre. Durante la gestión de
Roberto Ramos Alor al frente de la Secretaría de Salud de Veracruz, en el sexenio
de Cuitláhuac García, se documentó también la existencia de bodegas llenas de
medicamentos arruinados, mientras hospitales y centros de salud padecían
carencias.
Hoy, el mismo Ramos Alor, conocido operador de Rocío Nahle desde el sexenio
pasado, ocupa la titularidad del IMSS Bienestar en Veracruz, que se encuentra en
proceso de fusión con los Servicios de Salud estatales. Aquí no hay casualidades:
quien permitió la pérdida de medicinas durante la pandemia ahora coordina el
sistema que debería garantizar su abasto de forma universal. Y sucede,
inevitablemente, otra vez lo mismo. ¿Podía ser acaso de otro modo?
Los antecedentes de corrupción, negligencia y simulación que carga el sector, que
ha servido de “caja chica” de los últimos gobiernos y de donde han salido nuevos
millonarios a los que nunca se llamó a cuentas, hacen prever que la fusión de todo
el sistema público de salud solo multiplique los problemas. De por sí, como resulta
evidente, es una catástrofe. Los centros de salud carecen de insumos básicos, los
trabajadores denuncian despidos, acoso y represalias laborales, y los pacientes
enfrentan una atención deficiente que compromete sus vidas.
Esta negligencia criminal tiene nombres y apellidos. Los responsables de permitir
que los medicamentos se echaran a perder deberían ser llamados a responder y
ser sancionados severamente, con cárcel incluso, pues la salud pública es
responsabilidad directa de los gobiernos que la administran. Pero la continuidad
de funcionarios como Ramos Alor en posiciones clave –cuya única explicación es
que probablemente reparta “generosamente” el botín- es una señal inequívoca de
que la impunidad sigue siendo la norma en el régimen del supuesto “segundo piso
de la transformación”.
Cada caja de medicinas caducadas, cada lote perdido, representa a varios
pacientes que no recibieron el tratamiento que necesitaban y es una oportunidad
negada de salvar una vida, un crimen contra la población más vulnerable que
depende del sistema público porque no tiene otra opción.
Hoy más que nunca existe la certeza de que el sistema de salud en Veracruz está
colapsando, corroído por la negligencia y la corrupción, y en el que las medicinas
se pudren en bodegas, junto con la credibilidad de un gobierno fallido.
Todo mal
Si la CIA mató a un narcotraficante en territorio mexicano sin que el gobierno de
Claudia Sheinbaum supiera que lo haría, como señala CNN, es terrible; si lo hizo
con el aval oficial, está peor.
Pero si como sugiere la versión del New York Times, la CIA solo proporcionó
información y logística, y fue el gobierno mexicano el que ejecutó a “El Payín”
accionando un explosivo en su vehículo a las afueras del AIFA, estaríamos ante
una ejecución extrajudicial como las de la “Guerra sucia”, lo que significa que el
Estado también es un criminal.
Claro, a menos que nos salgan con que “El Payín” se puso la bomba solito, nomás
para hacer quedar mal a la “cuatroté”.
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