Travesía al éxito

CIUDAD DE MÉXICO.- La historia detrás de Coco es tan fascinante como la pro­pia película de Disney-Pixar. Todo comenzó en 2010, cuando Lee Unkrich, di­rector de Monsters Inc., Toy Story 3 y Buscando a Nemo, llegó a la casa de animación con la idea de realizar una cinta enmarcada en la cele­bración mexicana de Día de Muertos.

En 2011, junto con la pro­ductora Darla K. Anderson, el diseñador de producción, Harley Jessup, y el supervi­sor de historias, Jason Katz, comenzaron una serie de viajes por México que los lle­varon a lugares como la Ciu­dad de México y el Estado de México y visitar el altar a Pe­dro Linares —creador de los alebrijes en 1939—, el Museo Dolores Olmedo Patiño, el panteón de Santa Cecilia, en Mixquic, la Plaza Garibaldi y el Tenampa, lleno de maria­chis. En Oaxaca conocieron el templo de Santo Domin­go, el mercado Tlacolula, el Árbol del Tule, Monte Al­bán y el poblado Teotitlán del Valle y, finalmente, Mi­choacán, donde quedaron maravillados con Morelia y su acueducto, que más tar­de serviría de inspiración para el impresionante puen­te de cempasúchil que une el mundo de los vivos con la Tierra de los Muertos, Pátz­cuaro, y los panteones de Tzintzuntzán.

Si bien la película aún es­taba en pañales, las fotogra­fías que tomaron fueron muy valiosas años más tarde.

Estábamos tan inspira­dos. Estábamos empezando el proceso, pero queríamos absorberlo todo. Los cielos de México, las calles empe­dradas, las preciosas telas bordadas, la comida de las ofrendas… nos trajimos to­das esas imágenes con no­sotros”, señala Jessup.

En 2012 la producción regresó a nuestro país en compañía de la directo­ra de fotografía e ilumina­ción, Danielle Feinberg, y el director de arte de sets, Nat McLaughlin, con quienes re­corrieron Oaxaca y Guana­juato, para un año más tarde volver por primera ocasión con el codirector y guionista Adrian Molina, básicamente a Oaxaca, donde descubrie­ron una fábrica de chocolate y un taller de huaraches que fue la referencia para la fá­brica de zapatos de la familia Rivera.

El equipo de Disney- Pixar quedó maravillado no solamente por las tradicio­nes, la cultura y la historia de nuestro país, sino también con el cariño que recibieron de los mexicanos.

“Nos recibían en sus ca­sas. Son las personas más abiertas y más generosas que he conocido en mi vida. Nos trataban como si fué­ramos un vecino del pue­blo o un miembro más de la familia.

‘Pasen. Coman con no­sotros. Rían con nosotros’. Nos ofrecían tamales y una sopa tradicional llamada pozole. Fue algo realmen­te enternecedor”, recuer­da la productora Darla K. Anderson.

“La gente de México nos hizo pensar en nuestras pro­pias familias, en nuestras historias y cómo ese legado nos hace ser quien somos hoy en día.

“Estamos agradecidos por las oportunidades que tuvimos, y podemos decir con toda honestidad que hoy somos personas diferentes a causa de las experiencias que vivimos.

La historia de Coco está inspirada en las personas, la cultura y una de las tradicio­nes más representativas de México”, cuenta Unkrich, ga­nador del Oscar en 2011 por Toy Story 3.

Fue así que poco a poco Unkrich, Katz, Matthew Al­drich y Adrian Molina die­ron forma al guión que narra la historia de Miguel, un pe­queño de 12 años que sueña con convertirse en músico consagrado como su ídolo Ernesto de la Cruz a pesar del nulo apoyo que, extraña­mente, recibe de su familia.

Desesperado por probar su talento y seguir su sueño, Miguel llegará a la colorida Tierra de los Muertos, don­de conocerá al simpático ti­mador Héctor, con quien se embarcará en una extraor­dinaria travesía para develar la verdadera razón detrás de la historia familiar de Miguel.

Fue precisamente Gael quien aportó palabras muy mexicanas a la his­toria, como el “chamaco” que se escucha en varias ocasiones tanto en la ver­sión en español como en la de inglés.

ASESORES CLAVE

Además, los realizadores sabían que si querían triunfar en su re­trato de la cultura mexicana, te­nían la obligación de lograr la mayor fidelidad posible.

Por eso, desde el proceso de investigación reclutaron a ase­sores culturales como el cari­caturista político Lalo Alcaraz, el dramaturgo Octavio Solís y la autora, productora indepen­diente y defensora de las ar­tes y el patrimonio, Marcela Davison Avilés.

Los asesores, cuyas familias todas proceden de México, inter­vinieron en los aspectos cultura­les del filme, desde el vestuario de los personajes y la decora­ción de los sets, hasta la paleta de color e incluso los diálogos, en donde alentaron la introducción de una fluida mezcla de español e inglés en el guión.

Según Avilés, quien tam­bién cura y produce programas de arte del patrimonio cultural mexicano en EU, lo más impor­tante que hicieron los realizado­res en su esfuerzo por lograr una representación fiel de la cultura mexicana fue hacerlo de la ma­nera más respetuosa y conscien­te posible.

Luego actuaron con base en esa conciencia. Se tomaron el tiempo para comprender la cul­tura. Escucharon a expertos de numerosas áreas, como arqueó­logos, músicos, defensores cul­turales. Y realizaron numerosos viajes de investigación. Todo fue realizado con la mayor sinceri­dad, respecto y humil­dad”, precisa.

Solís, quien ha tra­bajado en el mundo de las artes en el área de la Bahía de San Francisco durante 30 años, alen­tó a los cineastas a no retratar con demasiada sinceridad a los perso­najes de la Tierra de los Muertos.

“Nuestro enfoque a la hora de honrar a nuestros ancestros es más desenfadado. Si alguien era un pesado en la vida, probable­mente también lo sea de muerto. Creo que la película capta eso muy bien”.

Alcaraz, caricaturis­ta de la tira cómica La Cucara­cha, distribuida a nivel nacional en Estados Unidos, respaldó los esfuerzos de los cineastas por centrarse en el tema de la familia.

Los latinos poseen una fuer­te estructura familiar. La familia es lo primero. Eso es lo que me encanta de Coco”, añade.

MÚSICA VIVA

Disney-Pixar siguió la misma ruta en el terreno musical, donde Camilo Lara, del Ins­tituto Mexicano del Sonido, fue contrata­do como asesor.

Coco lleva la mú­sica en su ADN. La música moldea la pe­lícula. Algunos per­sonajes son músicos, mientras que otros no quieren saber nada sobre ella”, dice Unkrich, mientras que Molina destaca que el personaje prin­cipal de Miguel “es un apasionado y talento­so de la música”.

La cinta cuen­ta con música tra­dicional mexicana, canciones originales compuestas para la película y una hermosa banda sonora compuesta por Michael Giacchino, ganador del Oscar en 2009 por Up: Una aventura de altura.

Cuando vi Coco me invadie­ron tantas emociones juntas. Me hizo pensar en mi familia y mi conexión con mis familiares que viven en Italia. Esta película nos habla a todos”, expresó Giacchi­no, quien recuerda que a los nue­ve años encontró un álbum con música de México que escuchó “una y otra vez”.

La banda de sonido se gra­bó en agosto con una orquesta compuesta por 83 instrumentos y está acompañada por cancio­nes tradicionales mexicanas que aparecen para dar vida al pueblo natal de Miguel, Santa Cecilia.

En la cinta vemos a unos ma­riachis en la Plaza del Pueblo, a un grupo de son jarocho que toca debajo de la glorieta y varios gui­tarristas a los que Miguel se acer­ca en su intento por probar su talento.

Una mezcla de música tradi­cional y contemporánea mexica­na crea el clima de varias escenas a cargo de agrupaciones como Banda Tierra Mojada, Marimba Nandayapa y Mono Blanco. “La idea fundamental era ser lo más auténticos posible. Escuchamos muchísima música, desde estilos sofisticados a música callejera. Creo que logramos presentar un hermoso mosaico de la enorme diversidad de nuestra música”, señala Lara.

Mención aparte merecen los temas originales de Coco, en particular Recuérdame, com­puesto por Kristen Anderson- Lopez y Robert Lopez, dupla detrás de Let it go, de Frozen.

La canción está escrita des­de el punto de vista de una per­sona que espera ser recordada por un ser querido. Pero la le­tra se puede interpretar de ma­nera diferente según el tempo y el tono de la música”, señala Anderson-Lopez.

El tema que aparece en los créditos finales de la cinta fue interpretado en su versión en inglés por Miguel y Natalia La­fourcade, mientras que en espa­ñol quedó en manos de Carlos Rivera.

Otras canciones originales compuestas para la cinta son Un poco loco, Juanita, El mundo es mi familia y El latido de mi cora­zón, que forma parte fundamen­tal de la escena cumbre del filme.

La letra de esta canción es quizás la más personal para mí. Nos habla de llenar nuestro cora­zón de orgullo por la familia que tenemos, de dónde venimos y las personas a las que estamos liga­dos”, describe Molina.

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