Rúbrica Un segundo año que inicia en crisis Por Aurelio Contreras Moreno

Rúbrica
Un segundo año que inicia en crisis
Por Aurelio Contreras Moreno

El primer año de gobierno de Rocío Nahle en Veracruz terminó como empezó: con
simulación, violencia y una opaca y muy posiblemente corrupta administración de
los recursos. El discurso de “orden” y “transformación” quedó reducido a mera y
pobre propaganda, mientras la realidad golpea a los veracruzanos con hechos que
desmienten cada palabra oficial cotidianamente.
La violencia en Veracruz no disminuyó. Los homicidios, feminicidios y
desapariciones continúan marcando la vida cotidiana, mientras el gobierno insiste
en maquillar cifras y responsabilizar a otros, hasta a los de casa. La estrategia de
seguridad es inexistente: se limita a la presencia militarizada, a reuniones
mañaneras y a boletines que hablan de “coordinación”, pero que no se traducen
en resultados tangibles. El primer año del sexenio de Rocío Nahle cerró con un
estado donde la inseguridad es la norma y la impunidad la regla.
Y para muestra, el primer fin de semana de 2026 fue escenario de una masacre
en un rancho de Sayula de Alemán, al sur de la entidad, donde el domingo
aparecieron cuatro personas decapitadas. Durante ese mismo fin de semana, 14
personas fueron asesinadas en diferentes puntos del estado.
La violencia sin control no fue lo único que “dio la nota” en la entidad en estos
días. Especial atención mereció el creciente acoso judicial contra periodistas. En
lugar de garantizar la libertad de expresión, el régimen ha recurrido a la
intimidación legal y a la presión institucional para silenciar voces que por distintas
razones le resultan incómodas. El caso del reportero de nota policiaca de
Coatzacoalcos, Rafael León Segovia, acusado burda y absurdamente de
“terrorismo” por la recientemente “renovada” Fiscalía General del Estado –cuya
nueva titular Lisbeth Aurelia Jiménez así se “estrenó”- es un claro ejemplo de lo
anterior.
El “pecado” de reportero fue obtener información para cubrir primicias de su fuente
–necesariamente ligadas a hechos delictivos-, que exhiben la incapacidad
gubernamental en ese rubro. El mensaje fue claro: quien cuestione la narrativa
oficial y ponga a la vista de todos la cruda realidad de Veracruz, podrá ser
perseguido. Este patrón reproduce lo peor de los gobiernos autoritarios, donde la
prensa se convierte en blanco de hostigamiento si no se apega al guion que
pretende imponerle el gobierno.
Fue tan ridícula la acusación por “terrorismo” –en el mismo tenor de cuando el
gobierno de Javier Duarte se la imputó en 2011 a la fallecida Maruchi Bravo y a
otro tuitero- y tan inoportuna –en función del delicado contexto de la relación con
Estados Unidos-, que la presidenta Claudia Sheinbaum le dio un “coscorrón” a las
autoridades veracruzanas, que raudas y veloces desaparecieron ese delito de la
causa penal. Pero como no iban a dejar irse limpio al reportero, lo vincularon a
proceso por otros dos delitos menores –relacionados con su actividad periodística-
y lo sacaron de circulación con prisión preventiva domiciliaria durante un año.
Finalmente, lo silenciaron.

Pero quizás el episodio más revelador de la mala administración del gobierno de
Rocío Nahle fue la crisis del bono de fin de año para el personal de Salud. Aunque
la gobernadora insiste en que los recursos “ahí están”, la realidad es que miles de
trabajadores quedaron sin recibir una prestación histórica.
El retraso –que tiene con un pie en la calle al anodino secretario de Salud Valentín
Herrera- no fue un simple error administrativo: es la consecuencia de una gestión
marcada por la opacidad, la corrupción y el desvío de recursos. Si el dinero “ahí
está”, como dice la gobernadora, ¿cuál es el problema para dispersarlo? ¿O será
que en realidad ese dinero “ya no está”, porque “alguien” mucho muy cercano a la
mandataria hizo tremendo negocio para canjearlo por vales de despensa, como en
tienda de raya?
El arranque del segundo año no muestra señales de un cambio de rumbo. La
violencia sigue, el acoso a periodistas no se ve que vaya a detenerse y la crisis
financiera y operativa se profundiza. El “affaire” del bono de Salud es apenas un
síntoma de un problema mayor: la falta de capacidad para gobernar con
transparencia y eficacia. La narrativa oficial insiste en que todo marcha bien, pero
la realidad es que Veracruz inicia 2026 con trabajadores en protesta, ciudadanos
inseguros y un gobierno que se aferra a la propaganda mientras la corrupción y la
mala administración son evidentes.
La pregunta es cuánto tiempo más podrán sostener un discurso vacío frente a una
realidad que los ha rebasado en más de una ocasión.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

Noticias relacionadas