Una madre nunca deja de buscar a los que ama; las desapariciones en México

CIUDAD DE MÉXICO. Sara Valle Dessens, entonces alcaldesa de Guaymas, Sonora, regaló en 2020 al colectivo Guerreras Buscadoras, palas, cubetas de metal, cubrebocas, gel antibacterial, guantes de látex, sueros y agua embotellada como contribución del ayuntamiento en su lucha de búsqueda de familiares.

El hecho desató una ola de críticas e indignación, a la vez que reflejó la falta de sensibilidad de las autoridades ante una tragedia de familiares que buscan a las personas que aman, pero a quienes no pueden encontrar.

Igualmente, la sociedad mexicana carece de una conciencia colectiva clara en cuanto al problema de los desaparecidos, por lo tanto dicho fenómeno queda aislado a las familias que se encuentran en búsqueda o en las organizaciones y colectivos que las apoyan y que combaten el gastado argumento oficial: “seguro anda con el novio” o “ha de andar de fiesta, luego regresa”.

Cecilia Flores se dedicaba hace unos años, dice, a ser mamá. “No me faltaba nada, yo tenía todo. Justo una semana antes de que pasara lo de Alejandro en los Mochis, yo pensaba que no había mujer más feliz que yo. Pues no lo acababa de decir cuando estaba sufriendo la pérdida de Alejandro y lo perdí todo, se fue toda mi felicidad; mi vida se acabó, mi matrimonio se destruyó, porque yo me dediqué a la búsqueda y se me olvidó que yo era esposa, que era hija, porque me dediqué a ser mamá y a buscar esa parte de mi corazón que me habían arrancado; sin esa parte de mi corazón yo no podía vivir”.

Según el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada (CED) hasta el 26 de noviembre de 2021, en México se registraron 95 mil personas desaparecidas y 52 mil fallecidas sin identificar, por lo que la propia organización internacional urgió al gobierno de nuestro país a poner mayor atención para erradicar este delito. En respuesta, el subsecretario de la Segob, Alejandro Encinas, aseguró que el número de desaparecidos es mucho mayor a los 95 mil que asegura la ONU, pero que es difícil tener una cifra exacta debido a la falta de coordinación entre las fiscalías de los estados, las autoridades y las familias de las víctimas, “y que muchas de estas fiscalías no asumen su responsabilidad en la búsqueda de las personas”.

Sin embargo, en el camino que este fenómeno ha recorrido desde 1974, cuando el Ejército se llevó a Rosendo Radilla, líder social guerrerense que nunca volvió a casa, han quedado innumerables testimonios, incluso el de quien sería la primera gran madre buscadora en México: Rosario Ibarra de Piedra, fundadora del Comité ¡Eureka! la desaparición forzada no afecta sólo a quien se va, sino a quienes se quedan.

Nora Lira es y siempre será la madre de Fernanda Sañudo Lira, una adolescente de apenas 17 años de edad que desapareció el 2 de octubre de 2018. La chica salió de casa para visitar a una amiga, pero nunca regresó. Exactamente dos años después, alguien contactó a Nora, le dio las indicaciones de cómo llegar a un sitio donde, efectivamente, estaban los restos de su hija. “El gobierno no me ayudó, yo la hice de investigadora, de policía, y sigo en el Colectivo (Rastreadoras Ciudad Obregón) porque aquí nuestra ciudad es un panteón clandestino, hemos tenido muchos hallazgos últimamente”.

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