Rúbrica; Las peores campañas de la historia, Por Aurelio Contreras Moreno


Ha llegado a su conclusión el periodo de campañas del proceso electoral 2020-

  1. Sin temor a exagerar, el más sucio y violento de la historia reciente de
    México.
    Con 34 candidatos asesinados al corte del 31 de mayo, no es un exceso señalar
    que estas elecciones se han teñido de sangre, ante la complacencia de
    autoridades que en lo único que centraron su atención fue en su interés político,
    dejando completamente a la deriva a la ciudadanía que se debate entre acudir o
    no a votar este domingo 6 de junio.
    Además, dicha violencia se dirigió con especial virulencia hacia las mujeres. De
    acuerdo con la asociación civil “Observatoria Ciudadana Todas MX”, 21 de esos
    34 asesinatos cometidos durante este periodo fueron de mujeres, el 60 por ciento,
    lo que coloca a las campañas que este día terminan como las más violentas para
    ellas en particular.
    Los estados en los que hubo el mayor número de reportes de violencia política de
    género fueron Veracruz, Puebla, Yucatán, la Ciudad de México y Michoacán.
    Entidades donde las autoridades no solo hicieron nada para contener y sancionar
    las agresiones, sino que incluso atizaron el fuego con políticas represivas hacia la
    protesta social, como es el caso particular de los gobiernos de dos de los peores
    gobernadores del país: el veracruzano Cuitláhuac García Jiménez y el poblano
    Miguel Barbosa.
    Aunado a ello, los partidos políticos también pusieron de su parte… pero para que
    las campañas fueran un verdadero asco: carentes de propuesta, sin ideas claras,
    llenas de clichés, centradas en la pura mercadotecnia y no en las necesidades del
    país y en su mayoría, basadas en el absurdo y hasta en la ridiculización de
    candidatos que creyeron que entre más idiotas se vieran y escucharan, más
    “populares” serían.
    Lo único que lograron realmente fue producir tal sentimiento de hartazgo, que la
    llegada a su final de este periodo de verdad que ha causado un sentimiento de
    alivio porque se dejarán de ver y escuchar sus miles de spots sin sentido; porque
    se retirará su basura propagandística de las calles y porque la gran mayoría de
    ellos –con sus muy honrosas y rarísimas excepciones- regresarán a donde
    pertenecen: a la nada.
    El problema es que el sistema político electoral mexicano sale carísimo como para
    que definir a nuestras autoridades y representantes se reduzca a la mera
    movilización de las estructuras de los partidos y los gobiernos el día de los
    comicios. Es urgente renovar las reglas de las campañas. Obligar a los candidatos
    y a los partidos a aprovechar los recursos que se gastan en ellos y sancionarlos,
    por ejemplo, si se niegan a acudir a los debates oficiales organizados por la
    autoridad electoral. Si no son regalados.
    Y también es de una imperiosa necesidad castigar de manera ejemplar las
    violaciones a las reglas electorales y a la Constitución en las que incurrieron en

todos los niveles de gobierno, pero con especial incidencia desde la Presidencia
de la República. Un tibio apercibimiento sale demasiado barato en comparación
con una victoria en una gubernatura o con la obtención de una mayoría legislativa.
Los violadores de las leyes pagan con gusto ese precio. Hay que aumentárselos a
la diezmilésima potencia.
Para ello se requieren instituciones fuertes, verdaderamente autónomas para
fiscalizar y llamar a cuentas a todos los actores políticos. En buena medida eso es
lo que está en juego este 6 de junio: la posibilidad de recuperar un equilibrio de
fuerzas que obligue a la negociación en lugar de la imposición, o la concentración
del poder en una sola figura, con las consecuencias autoritarias que estamos
sufriendo desde ya.
Las perspectivas no son halagüeñas. Las peores campañas de la historia no
tendrían por qué producir algo diferente. Pero la única manera de incidir en ese
panorama, en el presente y el futuro del país es saliendo a votar. Es una
responsabilidad intransferible.
Email: aureliocontreras@gmail.com
Twitter: @yeyocontreras

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