Articulista Invitado

Por: Héctor Yunes Landa

No hay que buscarle alas a los tlacuaches

El sábado pasado, los priistas del norte del estado nos reunimos en el municipio de Pánuco para iniciar lo que hemos considerado como la marcha hacia la victoria en el proceso electoral 2018. Por primera vez, de manera concurrente, iremos a las urnas a elegir al Presidente de la República, Gobernador del Estado, senadores, diputados federales y diputados locales. Será sin duda la madre de todas las batallas.

Sabemos que Iniciamos esta marcha por la gubernatura en circunstancias inéditas, ya que será la primera ocasión que lo haremos como oposición y no como partido en el gobierno.

Por esta razón, el senador Pepe Yunes y yo acordamos hace unas semanas visitar la huasteca veracruzana para decirles a los priistas que no están solos. Que no deben dudar y menos renegar de su militancia, y que no deben perder la confianza. Es el mismo mensaje que debemos transmitir a todos los priistas del estado.

Nuestro encuentro partidista no fue una coincidencia sino un acto deliberado, un acuerdo de unidad que no puede ser objeto de interpretaciones. Y tuvo un gran simbolismo, porque estamos seguros que ahí estaba presente quien será el próximo Gobernador de Veracruz, el mismo que le devolverá la seriedad, la eficacia y la decencia a la política de nuestro estado.

Ante las circunstancias que hoy vive Veracruz, me parece necesario poner énfasis en tres aspectos que son fundamentales no sólo para los priistas sino también para todos los veracruzanos, quienes habrán de decidir el nuevo rumbo del estado.

El primero de ellos es que juntos, con responsabilidad, Pepe y yo nos hemos comprometido a construir una alternativa política para un Veracruz que merece un mejor futuro.

Y este proceso requiere de reconocer que personajes propuestos por el PRI a cargos de elección popular se han equivocado, han incumplido y lo peor, han sido voraces en detrimento de las arcas públicas. Bastan dos botones de muestra: Miguel Ángel Yunes, hoy panista y Gobernador de Veracruz, y el otro Javier Duarte, hoy preso federal y recientemente expulsado del PRI.

Con esta decisión compartida de caminar juntos rumbo al 2018 estoy seguro que también contribuiremos a cohesionar a la militancia de nuestro Partido; y seguiremos preocupando a quienes, monárquicamente, pretenden aferrarse al poder.

En segundo lugar, los priistas veracruzanos aspiramos recuperar el gobierno de Veracruz no como un acto de revancha personal o política –como lo ha hecho quien hoy nos gobierna-, sino para recuperar la paz y la tranquilidad que nos arrebataron, preocupación que comparto con millones de veracruzanos.

No olvidemos que el actual gobierno propuso un cambio como oferta de campaña, y ha convertido a Veracruz en la entidad con el mayor número de homicidios y secuestros en el país; con más feminicidios, infanticidios y muertes de periodistas. Son cifras nunca antes vistas en la historia de Veracruz. Y si el argumento oficial es que el compromiso del cambio de está cumpliendo, no lo podemos refutar: el cambio ha sido para empeorar.

Por eso queremos recuperar el gobierno. Para regresarle a los veracruzanos la seguridad, reactivar la economía, recuperar el empleo, y para realizar obra pública sin simulación, con un verdadero sentido social y no sólo con propósitos electorales como se hace actualmente.

Esa es la razón por la que el proyecto monárquico del Gobernador se siente amenazado. Su proselitismo descarado y su injerencia partidista del gobierno en el actual proceso electoral son evidentes.

Por ello este sábado le pedimos a los priista que tienen la cara limpia -que por cierto constituyen la gran mayoría-, que salgan a dar la cara. Que sólo se escondan como ratas temerosas aquéllos que tienen la cara sucia, aquéllos que andan negociando con el gobernador el precio de su impunidad.

En esta jornada que se avecina, Pepe y yo vamos juntos. Ni el declina sus legítimas aspiraciones, ni yo dejó de buscar lo que creo es mi destino: gobernar nuestro estado. Lo que hicimos este sábado fue satisfacer una necesidad estratégica en la construcción de esta nueva alternativa política para recuperar el futuro de Veracruz.

Así ha sido y así lo será hasta que cumplamos nuestro propósito -en unidad-, de arrebatarle al gobernador monárquico la administración que no pudo administrar, el gobierno en donde no supo gobernar y la tarea que no supo cumplir.

Entonces, ¡no hay porqué que buscarle alas a los tlacuaches!

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