Rúbrica; “Chayote” y sangre Por Aurelio Contreras Moreno.

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Luego de más de un mes desaparecido, este miércoles fue hallado asesinado el
locutor radiofónico Fidel Ávila Gómez en los límites entre los estados de
Michoacán y Guerrero.
Ávila Gómez era presentador y gerente de la radiodifusora “La Ke Buena” en el
municipio de Huetamo, Michoacán, enclavado en la violenta zona conocida como
Tierra Caliente de esa entidad, donde no hay más ley que la de los traficantes de
droga que desde hace años, literalmente gobiernan y hacen su voluntad sin que
autoridad alguna, de ningún nivel, les haga frente.
Con este homicidio suman 12 los comunicadores asesinados en México en lo que
va del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, a quien esta situación no le
inmuta y, como él mismo afirmase hace pocos días, mucho menos le quita el
sueño.
Tan no se lo quita, que todos los homicidios de reporteros que se han cometido en
el país desde que asumió el poder en diciembre de 2018 permanecen en la más
absoluta impunidad. Igual que antes, dirán los defensores oficiosos del régimen de
la autodenominada “cuarta transformación”.
No les falta razón. De acuerdo con las cifras de la asociación civil Artículo 19,
desde el año 2000 hasta agosto de 2019, habían sido asesinados 131 periodistas
y trabajadores de la información en México. La absoluta mayoría, sin que haya
quien pague por esos crímenes.
En ese mismo periodo, Veracruz -y nunca estará de más recordarlo y machacarlo-
se convirtió en la entidad más letal para los periodistas: 27 asesinados en los
últimos 19 años, de los cuales 17 –según este organismo no gubernamental,
aunque también se llegan a contabilizar 19- fueron ultimados durante el violento y
criminal sexenio de Javier Duarte de Ochoa. El más reciente, Jorge Celestino Ruiz
Vázquez, en el primer año de los gobiernos de Cuitláhuac García Jiménez y de
Andrés Manuel López Obrador.
Sí, todo es igual que antes, a pesar de las promesas de que las cosas iban a
cambiar. Que habría respeto y protección a la libertad de expresión y se detendría
la espiral de violencia que ha colocado a los periodistas en México en el mismo
nivel de riesgo que los que desempeñan su labor en Siria, en función del número
de bajas registrado. A fin de cuentas, aquí también se vive en estado de guerra,
aunque el gobierno jure que eso “ya se acabó”.
Aunque sí han cambiado varias cosas. Hoy tenemos un presidente que
diariamente injuria a la prensa que no lo adula ni se pone de rodillas –por decirlo
suavemente- frente al nuevo poder omnímodo del Ejecutivo. Que ante las críticas
alienta a sus huestes a linchar –digitalmente por ahora- a quien exhibe los
excesos y miserias de la reciclada clase gobernante. Y que incluso auspicia
medios creados ex profeso para la adoración permanente de su figura y la defensa
abyecta de cualquiera de sus decisiones.

Y mientras la cuenta sangrienta de comunicadores inauguraba el 2020, en la
conferencia mañanera del presidente una mercenaria –porque es un insulto darle
categoría de periodista- residuo del echeverrismo demandaba en público y sin
pudor –porque vergüenza nunca ha tenido- “chayote” para su pasquín digital,
exigiendo además –en medio de las presidenciales risas- el regreso del “no pago
para que me peguen”, apotegma pusilánime para controlar a los medios de otro
López.
Uno no muy diferente –salvo por su nivel intelectual- del que gobierna 40 años
después.
Email: aureliocontreras@gmail.com
Twitter: @yeyocontreras

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