La milpa, riqueza cultural y alimentaria de México

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CIUDAD DE MÉXICO- México es un país de contrastes y diversidad en varios sentidos, uno de estos lo es también la alimentación.

La diabetes, obesidad e hipertensión, padecimientos considerados como epidemias a nivel mundial, conviven muy de cerca con la desnutrición; problemáticas que ocurren en medio de la riqueza alimentaria que existe en el país y a la que no toda la población tiene acceso, ya sea por falta de recursos, o bien desinformación.

En México, los precios de los alimentos, el cambio climático, la industrialización agrícola, la desigualdad social y la falta de políticas públicas, constituyen algunos de los elementos que amenazan la seguridad alimentaria.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), pronostica que para el año 2050 la demanda de alimentos se incrementará en un 70 por ciento, motivada por los cambios demográficos alrededor del mundo.

Datos de la FAO revelan que, a nivel mundial más de 672 millones de adultos y 124 millones de niñas, niños, y adolescentes de entre 5 a 19 años, son obesos. Mientras que más de 800 millones de personas padecen hambre.

México no se queda atrás, la seguridad alimentaria en el país se ve amenazada principalmente por los alimentos procesados que la sociedad consume día a día y que han interferido en la dieta del mexicano promedio cada vez más a partir de la firma de tratados comerciales que hicieron posible la importación de productos altos en grasas saturadas, sodio y azucares.

En entrevista para Excélsior Digital, Malin Jönsson, coordinadora de la Fundación Semillas de Vida, explica que México cuenta con todo un abanico de posibilidades alimentarias que permitirían tener a la población con altos niveles de nutrición, a bajo costo.

La también doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, asegura que, a través de una cultura alimentaria basada en la milpa y el maíz, podría ser de gran utilidad en una estrategia agroalimentaria que permitiera una mejor alimentación de la población.

Lo anterior, podría lograr una mayor sustentabilidad ambiental, sin dejar de lado las ganancias económicas que miles de campesinos y trabajadores del campo recibirían, y que a su vez, mejorarían sus condiciones de vida.

Hoy, en la conmemoración del Día Mundial de la Alimentación, es una oportunidad para reflexionar sobre las alternativas que tiene la sociedad mexicana para mejorar sus hábitos alimenticios ante la variedad de alimentos a la que se encuentra expuesta.

Más allá de las políticas públicas por legislar, o la existencia de grandes corporaciones enfocadas a la producción masiva de alimentos, la mayoría de estos, de mala calidad, en México, existen una variedad que podrían cubrir las necesidades alimentarias de la población.

De acuerdo con Malin Jönsson, una buena alimentación se logra con alimentos que miles de mexicanos tienen a su alcance, comenzando por la gama de posibilidades que ofrece la milpa, de donde proviene el maíz, el frijol, la calabaza, el chile y los quelites, todos, alimentos altamente nutritivos, que además son sustentables al formar parte de un ecosistema que se conforma en la misma milpa.

De acuerdo con un estudio realizado por el doctor Antonio Turrent Fernández, agrónomo de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, en México existen las milpas suficientes para alimentar a toda la población, sin tener que recurrir a la importación de alimentos de países como Estados Unidos.

El estilo de vida actual y los hábitos de consumo constituyen los principales enemigos de una buena alimentación, además del abaratamiento de decenas de productos importados que, aunque más baratos, en su mayoría no son de buena calidad.

La coordinadora de la Fundación Semillas de Vida, recomienda que, para lograr un consumo responsable de los alimentos y apoyar a la economía y al sector alimentario del país, es necesario consumir local, además de acercarse a alternativas de consumo como mercados que ofrezcan frutas y verduras cultivadas lejos de la industrialización.

Malin Jönsson explica que ser un consumidor responsable, radica en estar informado, en conocer qué tipo de alimentos son industrializados y cuáles no, tener conocimiento del etiquetado de los mismos, e incluso saber identificar, por forma y color, aquellas frutas y verduras, que tan solo por su aspecto diverso y lejos de la perfección, no son industrializados.

Lograr una buena alimentación dependen en gran medida de los hábitos de consumo de cada persona y por supuesto del estilo de vida, tener acceso a los llamados “súper alimentos” también es posible, basta con saber que el huevo, el nopal, el amaranto e incluso la tortilla, están dentro de este rango.

Tema a parte son los alimentos orgánicos, Jönsson detalla que los costos para lograr una certificación son altos para la mayoría de los productores, además de que el número de consumidores de este tipo de alimentos es aún menor ante la falta de una legislación al respecto y de los altos precios que no están al alcance de todos los bolsillos, aunque en cuanto a calidad, son mucho mejores.

De esta forma, la alternativa para lograr una alimentación óptima y accesible continúa siendo el consumo local y consiente de lo que llevamos a la mesa, y como señala la especialista, conocer el etiquetado y las condiciones en las que cada alimento fue producido a fin de conseguir un balance entre la agricultura sustentable y una sana alimentación sin dejar de lado la agrodiversidad mexicana.

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