Rúbrica; Un dramático desastre, Por Aurelio Contreras Moreno

Imprimir esta nota
Entre más bravatas hacen los gobernantes de la llamada “cuarta transformación”
para contrarrestar las críticas a su incompetencia, con mayor intensidad les
revienta la realidad en la cara.
En Veracruz, prácticamente no hay día que no se reporte un hecho delictivo
violento. La zona de Córdoba-Orizaba se ha vuelto a tal grado inhabitable por
causa de la inseguridad, que el pasado martes el cabildo y el presidente municipal
de Camerino Z. Mendoza, Melitón Reyes Larios, declararon a esa localidad en
“estado de emergencia” y exhortaron a los gobiernos estatal y federal a detener la
oleada de secuestros.
La inseguridad en Veracruz se ha extendido a tal magnitud que lo mismo afecta a
familias pobres que a las de altos recursos económicos. Lo mismo peligra una
maestra que un empresario, un empleado que un constructor, un contratista que
un reportero. Nadie está a salvo en Veracruz.
Hay que admitir que esta situación no es nueva. La violencia desmedida y
sangrienta es un fenómeno que se viene arrastrando en el estado desde la
administración de Fidel Herrera Beltrán, alcanzando su cenit en el sexenio de
Javier Duarte de Ochoa y manteniendo altos índices en el bienio de Miguel Ángel
Yunes Linares.
Sin embargo, la realidad se está tornando dramática en el gobierno de Cuitláhuac
García Jiménez, por una razón fundamental: simple y sencillamente no parece que
tengan la menor idea de lo que hay que hacer. Y ante semejante nivel de
incapacidad, lo que intentan es delegar en otros sus propias responsabilidades por
lo que sin problema se podría calificar como un estado de ingobernabilidad en
Veracruz.
El enfrentamiento entre el Ejecutivo estatal y la Fiscalía General del Estado ha
llegado a niveles francamente patológicos, en los que cualquier suceso, cualquier
tragedia, representa una oportunidad para echar leña al fuego de un irresponsable
antagonismo de orden político, mientras los veracruzanos somos presas del horror
criminal.
Para no ir muy lejos, tras darse a conocer la mañana de este miércoles la
privación ilegal de la libertad del director del portal “Noticias a tiempo”, Marcos
Miranda Cogco, en la ciudad de Boca del Río, la respuesta del gobernador García
Jiménez en su cuenta de Twitter fue de antología, así como sintomática y
reveladora de lo que en realidad le ocupa y preocupa.
“No somos perversos y seguiremos respetando la libertad de expresión.
Exigiremos se inicie una investigación contra quien amenazaba periodistas. Se
acabaron las ‘eras’ de tolerar grupos delictivos y secuestradores; como en
Minatitlán, iremos por todos ellos a pesar del FGE (sic)”, publicó el mandatario
veracruzano en su red social.
Lo que quizá no le informaron al gobernador es que quien fue señalado de haber
amenazado a Marcos Miranda y a otros periodistas fue su secretario de Gobierno,

Eric Patrocinio Cisneros, quien también aprovechó para publicar en Twitter que en
la administración estatal “respetamos la libertad de expresión y a quienes la
ejercen como derecho inalienable”.
Pero en el gremio periodístico “tenemos otros datos”. Luego del plagio de Miranda,
el respetado y talentoso caricaturista Bruno Ferreira anunció que dejaría de
publicar, debido a que “no me parece que existan las condiciones de seguridad en
el estado de Veracruz para ejercer a plenitud la sátira política como a mí me gusta:
irreverente, incorrecta, mordaz, burlona y directa. Y no veo que esto mejore a
corto plazo”.
Sin embargo, a pesar de todas las evidencias del desastre en el que está sumido
Veracruz, las autoridades prefieren hablar de “detractores” y “críticos sin razón”
que “se ciegan ante el verdadero cambio”.
“Cambio” que está costando vidas, coartando libertades y acallando voces críticas.
¿En qué se diferencian de los anteriores entonces?
Email: aureliocontreras@gmail.com
Twitter: @yeyocontreras

Noticias relacionadas

Leave a Comment