¿Historias sangrientas que se repiten?, por Raúl Torres Jiménez

por Raúl Torres Jiménez

Mayo de 1995. Se cumplían dos años y medio del gobierno de Patricio Chirinos Calero, teniendo como secretario general de gobierno a Miguel Ángel Yunes Linares, quien había «recomendado» como secretario de Seguridad Pública a su entonces gran amigo, Juan Herrera Marín, como titular de esa dependencia, aunque no tenía ningún antecedente de ser experto en la materia.

La mañana del primer o segundo domingo de ese mes, una persona que trotaba cerca del lugar conocido como Pozo Azul, a un costado de la avenida Murillo Vidal y a unos metros de la entrada al fraccionamiento Lomas de El Tejar, descubrió, horrorizado, el cuerpo descuartizado de una mujer en el arroyo de aguas negras proveniente de la colonia Unidad del Valle. Aún no se construía el Circuito Presidentes ni mucho menos los puentes Murillo Vidal y Rébsamen, y esa avenida que llevaba al Nuevo Xalapa y entroncaba con el Arco Sur, obra realizada por Dante Delgado para darle otra vía de desahogo al ya creciente tránsito vehicular de la capital estatal estaba abandonada por el resentimiento de Chirinos y su número dos a todo lo que recordara al exgobernador (aunque ahora serían «aliados» en pos de la gubernatura).

Al lugar llegaron agentes de la entonces Policía Judicial dependiente de la Procuraduría General de Justicia del Estado, a cargo de Rodolfo Duarte Rivas, y el propio Herrera Marín, quien informaba de inmediato al número dos, al que cada fin de mes visitaba en su despacho de Palacio de Gobierno llevando consigo un portafolio metálico, compacto, sujeto con esposas entre su muñeca derecha y la manigueta del mismo, como si allí llevara documentos confidenciales, expedientes especiales o… ¿dinero?

La prensa crítica o «enemiga», como era calificada al interior de palacio de gobierno (Política, Sur, Diario del Istmo, entre los más destacados) puso a sus reporteros de policía a investigar a fondo este caso, que la esfera oficial pretendía
soslayar o de plano sepultar, máxime cuando empezaron a surgir versiones de que la víctima y otras mujeres, agentes o exagentes de Seguridad Pública conocidas como «las panchudas», eran asiduas concurrentes a una mansión de El Tejar donde se realizaban «fiestas» a donde asistían funcionarios estatales o familiares cercanos a estos y se consumían grandes cantidades de bebidas alcohólicas, estupefacientes, alcaloides y psicotrópicos.

Hubo versiones más inquietantes, como que Sonia Patricia fue victimada en una de esas «fiestas», sacado su cuerpo a toda prisa en un vehículo y desmembrado entre los matorrales cercanos a Pozo Azul y sus restos arrojados al también cercano arroyo de aguas negras.

La presunta investigación también rozó al dueño de un tugurio de triste fama, «El Camachín», porque presuntamente allí había trabajado algún tiempo Sonia Patricia.

De este crimen solo hubo una persona detenida y encarcelada, Edna «N», quién quedó libre en 2007. De los demás se nada se supo..
Desde entonces muchos vecinos de El tejar viven con inquietud.

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